Esto va tomando color
La segunda salida vino con un 14,5 por ciento de
incremento en la cantidad de caminantes: bienvenido Franco!
El destino elegido esta vez fue el Cerro Ventana,
en Meliquina. Se llama así porque en lo más elevado de la montaña hay una formación rocosa que justamente tiene forma de ventana. Ninguno de los que fuimos habíamos ido antes y la poca
información que teníamos la sacamos de internet. Hablaba de dificultad
“moderada” y asumimos que sería una escalada tranquila. Nunca está bueno
asumir.
El Cerro Ventana no está muy señalizado porque en
realidad no es un circuito turístico abierto. Así nos lo hizo saber el hombre
que trabajaba junto a la tranquera de ingreso a la estancia que debíamos
atravesar: “Puede ser que los dueños no les permitan pasar” nos dijo
acompañando la frase con un gesto medio arisco. Por las dudas, instamos a los
niños a avanzar en silencio. No fue necesario amenazarlos con perros asesinos
dispuestos a impedir el ingreso de forasteros. Lo pensamos, pero no hizo falta.
Así, avanzamos silenciosos durante los primeros
kilómetros por un camino rodeado de vegetación que por momentos de metía dentro
del bosque. Llegamos hasta un arroyito donde recargamos agua helada y al toque
nos metimos en el sendero. Acá es donde nos preguntamos por primera vez qué
criterio utiliza el señor que definió la subida como dificultad moderada. Un
sendero en 45 grados durante casi todo su recorrido, con una superficie que fue
oscilando entre tierra arcillosa suelta que nos comía los pies hasta los
tobillos, árboles caídos cortando el paso que había que pasar por arriba o por
abajo (difícil decisión) y lajas sueltas que te hacían surfear la ladera del
cerro.
Fueron casi tres horas de subida. Áspero el trámite
pero con unas vistas que, como dicen Antolín, te hacen preguntar cómo no hacer
una salida así cada diez días teniéndolas tan a mano. En eso estamos!
Logramos hacer cumbre más allá de las dificultades y de algún empacado que, a mitad de camino, se atornilló a una piedra asegurando que no se iba a mover de ahí. Una intransigencia que sólo pudo ser revertida sacrificando un paquete de bizcochos.
Excelente salida. Le metimos un poco más de exigencia en relación a la primera pero la satisfacción de haber llegado a la cima nos hace olvidar lo dura que fue la diligencia. Bueno, a algunos se les hace difícil olvidarla por la cantidad de recuerdos que se trajeron entre moretones, ampollas y algún que otro tironcito.
Nos vemos en la próxima!
Para ver las fotos: LINK
Comentarios
Publicar un comentario